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Me gusta escribir y viajar. Bueno, y tocar el piano. Y comer bien.

Parece una broma, pero no es así. En una época donde viajar es cada días más fácil y accesible, se vienen desarrollado algunos problemas psicológicos asociados a las personas que más adoran esta actividad, para las cuales viajar se ha convertido en una obsesión enfermiza. Se le conoce como Síndrome Wanderlust, un trastorno obsesivo que aqueja a cada vez más personas, las cuales no cesan de pensar en sus viajes y en sus posibles próximos destinos desde primera hora del día hasta irse a la cama, generando incluso cuadros de ansiedad que requieren atención médica.

Eso en los casos más extremos. Según algunos investigadores, hasta un 20% de la población mundial presenta en algunos momentos síntomas relativos al Síndrome Wanderlust.

A esta enfermedad también se la conoce como “la enfermedad del viajero”, y nace de una necesidad fuera de lo común de conocer mundo, hasta llegar al punto de la obsesión. Esta palabra proviene del alemán ‘wandern’ (caminar), mientras que ‘lust’ se asocia con deseo e incluso lujuria. De este modo, según diversas asociaciones de psicólogos, aunque todavía son un grupo muy minoritario, cada vez son más las personas que presentan pequeños y grandes trastornos obsesivos asociados a al Síndrome Wanderlust.

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Los efectos del Síndrome Wanderlust

de acuerdo con una investigación publicada en la revista Evolution and Human Behaviour, la culpa sería de un gen, en concreto del receptor de dopamina D4, el cual sería responsable de este incontrolable deseo de viajar.

Según dicho estudio, el 20% de la población mundial sufre en mayor o menor medida de este problema, aunque los números bajan ostensiblemente si hablamos de trastornos psicológicos moderados o severos. También apuntan que más común en las regiones donde se han registrado altas tasas de flujos migratorios. Pero ¿cuáles son los síntomas de las personas que padecen este síndrome tan particular?

Los expertos indican que no es sólo la necesidad de viajar y conocer nuevos lugares y personas, sino también hacer que nuestras nuevas experiencias sean únicas e inusuales. A esto se le añade una búsqueda maníaca de precios de vuelos, hoteles asequibles, ofertas de última hora, herramientas para viajar, etc. Por lo general hablamos de personas con un fuerte espíritu de aventura, un toque de imprudencia, y una buena propensión a asumir riesgos y forjar nuevas relaciones, muchas veces en solitario.

Y por supuesto, luego está el amor por todo tipos de mapas, guías y libros sobre lugares inexplorados. El perfil dibujado por los investigadores incluye también a personas muy enganchadas a medios de comunicación que tratan sobre viajes y aventuras, especialmente en programas de televisión.

En definitiva, habrá que ver la evolución de esta enfermedad tan especial a la par que inusitada. Viajar siempre debería ser un placer y una ilusión, ¡pero con medida!

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